viernes, octubre 01, 2004

Cirán ¿Pensamiento reaccionario?

Cioran, ¿pensamiento reaccionario?
H´ector Subirats
Junio 2003
Resumen
Publicado originalmente en la revista Archipi´elago, no 56, mayo-junio
de 2003.
“ ´Avido de exceso y herej´ýa”, as´ý comienza Cioran unos de sus p´arrafos autobiogr
´aficos: no parece una afirmaci´on de un reaccionario, sino de alguien que
reaccion´o, aunque en el delirio, contra los conservadores.
Esta breve nota tan s´olo pretende ser una modesta contribuci´on para aumentar
la confusi´on generalizada sobre el pensamiento del pensador rumano.
En la declaraci´on de intenciones, lo cl´asico es aceptar que es de izquierdas,
o sea, no es reaccionario, quien est´a de acuerdo con los principios de libertad,
igualdad y fraternidad, m´as, no se dejen enga˜nar, el asunto es mucho m´as complicado;
por ejemplo, en Espa˜na la parad´ojica admiraci´on de Cioran, nos lleva
de la muy antigua de Savater a la muy reciente de Mario Conde. Savater necesit
´o su talento para percatarse de la intensidad del ensayo de Cioran en tanto
que Mario Conde necesit´o caer en la c´arcel, Savater escribi´o un estupendo ensayo
sobre Cioran y Mario Conde no escribe ni a d´onde fue a parar el dinero de
Banesto; ya lo dec´ýa Borges: “todos somos v´ýctimas de nuestra gloria”, tambi´en
Nietzsche padeci´o la admiraci´on de Hitler y de los mejores ´acratas.
Hasta el caso Mario Conde, todos los admiradores de Cioran pueden ser enmarcados
como gente de izquierdas. ¿Por qu´e? Porque es un provocador literario
que padece, como en El mal de Montano de Vila Matas, el mal de la literatura y
su devoci´on por Joseph de Maistre lo muestra desde el principio: “La magnitud
y la elocuencia de su c´olera, la vehemencia con que se entreg´o al servicio de
causas insostenibles”, pocas l´ýneas despu´es termina el p´arrafo escribiendo “a la
tentaci´on del escepticismo supo responder con la arrogancia de sus prejuicios,
con la violencia dogm´atica de sus desprecios”.
El pensamiento pol´ýticamente correcto y la escasez de iron´ýa se encargan de
mandar al genial rumano al basurero de los fachas.
Tengo muchos conocidos que me recuerdan que Cioran fue fascista a los
17 a˜nos pero se olvidan de que ellos siguen siendo estalinistas a los 50. Son
incapaces de darse cuenta que ellos prefieren la aniquilaci´on f´ýsica del adversario
ante la imposibilidad de recurrir a la iron´ýa de hacer la apolog´ýa entusiasta de lo
detestado y con ello colaborar al asesinato del discurso supuestamente elogiado.
Jonathan Swift s´ý lo hubiera entendido.
Dudo mucho que nuestros izquierdistas patrioteros o nuestros patrioteros de
derechas, o de izquierdas, suscriban “¡qu´e ventaja quedarse sin patria!”, sobre
todo porque nuestros patrioteros de derechas o de izquierdas nunca sufrieron o
disfrutaron del privilegio de Cioran, ser un apartida que, adem´as, escribi´o sus
mejores p´aginas en otra lengua.
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El revolucionario exige acci´on y Cioran escruta porqu´e es la acci´on la que
nos hace “perder el Jard´ýn” y caer en el pecado. Por supuesto la anterior no
es una reflexi´on religiosa, simplemente es que las promesas de la raz´on, cuando
es llevada a la acci´on, s´olo se cumplen dentro de la “legislaci´on” de nuestra
mermada panoplia mental. La acci´on no responde a sus prop´ositos originales y
termina ofreciendo su opuesto siniestro.
Tanto el revolucionario como el reaccionario tienen “un plan” para ordenar
el mundo; Cioran piensa que esto es imposible, es un esc´eptico con mucha “fe”
en que la escritura y la literatura lo har´an soportar la existencia: hay momentos
en que el estilo, m´as que las ideas, lo convierten a uno en un hereje.
No es verdad que la idea de progreso sea patrimonio de la llamada “izquierda”,
lo que pasa es que la derecha quiere el progreso para repartirlo entre unos
pocos y la izquierda pretende un reparto igualitario de los beneficios del progreso.
Incluso los sectores m´as conservadores est´an encantados con las nuevas
tecnolog´ýas militares, internet, el m´ovil, s´olo ponen trabas a los asuntos relacionados
con la reproducci´on asistida, la clonaci´on, etc., siempre que no sea para
ellos. De Bin Laden a los protom´artires del Euskadi fundacional no hay quien
no maneje toda tecnolog´ýa a la que pueda tener acceso y que pueda ponerse
al servicio de sus pr´ýstinas esencias: el futuro al servicio de la edad de oro, lo
mismo da que est´e detr´as que delante. Del mundo id´ýlico de Pierre Clastres entre
los tupi, s´olo ha quedado que Lula sea capaz de estar, casi simult´aneamente, en
Porto Alegre y en Davos.
Cioran no muestra entusiasmo frente a este mundo: la desolaci´on que lleva
a W. Benjamin, pensador de izquierdas y a Stefan Zweig, escritor de derechas,
al suicidio, le lleva, en situaci´on menos tr´agica, a la burla del sinsentido de la
existencia, a trav´es de la ´unica herramienta que cree distanciarlo de las miserias
humanas: la escritura.
Cioran piensa que se es m´as indulgente con un asesino que con alguien que no
haga nada. ´El, que pretendi´o no hacer nada, no lo consigui´o, a golpe de aforismos
accede al oficio de escritor, peor a´un, de escritor de ´exito, en muchos casos
reclamado por quienes m´as detestaba, quiz´a porque no consigui´o convencerlos
de que “el aut´entico v´ertigo es la ausencia de locuras”.
Ante la imposibilidad de la ausencia, construyamos la Historia. Cosas de la
Historia, como bien sab´ýa Cioran, que la ten´ýa por indefendible, y que de sus
muy ricas lecturas hist´oricas lleg´o a la conclusi´on de que en la Historia puede
pasar cualquier cosa, cuando tan s´olo se teje la urdimbre donde se hace aparecer
como necesario lo que fue puro azar.
“Pasar de una concepci´on teol´ogica o metaf´ýsica al materialismo hist´orico es
simplemente cambiar de providencialismo”.
Quiz´a es que los pueblos simultanean el masoquismo con la admiraci´on carro
˜nera: “la humanidad no ha adorado m´as que a los que la hicieron perecer” [...]
“signos de vida: la crueldad, el fanatismo, la intolerancia; signos de decadencia:
la amenidad, la comprensi´on, la indulgencia”.
Jugando con las paradojas, Cioran admite que s´olo se puede vivir en medio de
la tolerancia, sin por ello negar c´omo se cae en el entusiasmo de hacer creer que
son pueblos m´as vivos los que desarrollaron la brutalidad, de ah´ý su admiraci´on
por Espa˜na y Rusia.
El terror les da ´animo a esos pueblos, ignorando que ser´an sus primeras
v´ýctimas; no importa, necesitan el estimulante de las cadenas de la ilusi´on.
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“No hay m´as que buscar en el origen de las iglesias, ideolog´ýas, polic´ýas, etc.”
para ver que son jaleadas por la estupidez de las masas. Es en estos momentos
cuando plasman la m´axima de Val´ery que tanto entusiasmaba a Cioran: “El
sentimiento de serlo todo y la evidencia de no ser nada”
Al lado de la fascinaci´on de relatar el terror se encuentra la admiraci´on
por la educaci´on y la elegancia; refiri´endose a Beckett escribe: “Si la palabra
urbanidad no existiese habr´ýa que inventarla para ´el. Cosa apenas veros´ýmil, e
incluso monstruosa: no habla mal de nadie, ignora la funci´on higi´enica de la
malevolencia, sus virtudes saludables, su cualidad purgativa. Nunca le he o´ýdo
vituperar a nadie, amigo o enemigo. Es esa forma de superioridad por la que
lo compadezco y a causa de la cual debe inconscientemente sufrir. Si a mi me
impidieran maldecir a la gente, ¡qu´e trastornos y tormentos, qu´e complicaciones
en perspectiva!”.
Mientras describe entusiasmado la barbarie de los muertos despliega toda su
cortes´ýa con los vivos. Tuve la suerte de conocerlo y charlar con ´el tres veces en
su casa de Par´ýs. Los “mit´omanos” lo imaginaban en una mansi´on y en realidad
viv´ýa en un modest´ýsimo piso en la rue de l´Od´eon, en un s´eptimo piso sin
ascensor. Nos esperaba a Savater y tres amigos en la puerta de la casa, pon´ýa la
mano encima de la cabeza para que no nos golpe´aramos en la peque˜na puerta
de entrada y tras varias horas de charla y risas, bajaba y nos acompa˜naba
hasta la entrada del metro. Puedo decir que lo normal es que tras conocer a
alg´un escritor admirado, en un 90% no me he llevado m´as que decepciones:
me he topado con vanidosos, prepotentes o simplemente tontos. Con Cioran
fue lo contrario, una mente l´ucida, simpat´ýa desbordante, un humor sutil y una
gentileza poco frecuente. A estas alturas tengo muy claro que prefiero a la gente
por lo que hace, mucho antes de por lo que dice, y en ese terreno, al margen de
sus grandes ensayos, Cioran era un se˜nor ¿reaccionario? Que me los den todos
as´ý y yo les regalo a los izquierdosos de boquilla. No es poco para alguien que
pensaba que cada libro era un suicidio diferido. ´El lo alarg´o m´as en c´apsulas
afor´ýsticas.
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